De modo que revuélcate sin miedo en el lodazal de las perversiones, no temas volverte loco y violar niñas. Eso no está en tu mano. Si empiezas a jugar al escondite con tu conciencia, perderás. Se pierde siempre. La única forma de superar los defectos es reconocerlos. No puedes abatir el ave que no ves. El cielo es muy grande, hay muchas nubes, nubes como la moral pública, que ocultan bandadas enormes de cuervos, buitres, políticos y periodistas. No te hostilices. El alquitrán es negro pero no quiere herirte, sólo quiere ser. Si empiezas a ponerle barreras te hará daño, entonces sí, un daño salvaje, ya lo conoces, un dolor como tambores de guerra, como arietes queriendo echar abajo tu frente. Estás demasiado asustado para saber lo que quieres. Tienes una burocracia mental que hace que tus deseos mueran antes de recibir la respuesta a tu instancia. Deberías despedir a tanto funcionario filibustero y abrir las ventanas de los despachos, que ya hieden. Deberías pensar menos, vaciarte. Deberías no escuchar las voces que te dicen qué hacer, que te tratan con desprecio, desde arriba, imperativamente, como un autor a su personaje.
A bordo del naufragio, de Alberto Olmos.
La locura, ¿te asusta esta palabra? La locura está bien si es para anunciar refrescos de cola o vaqueros rotos; pero estar loco de veras, en serio, cuerdamente loco, está mal, muy mal. Ellos lo dicen. Estar loco supone que algo no te funciona dentro de la cabeza. Ellos pueden arreglar la lavadora y el contestador automático, pero si estás loco te encierran y ahí se acaba todo. No es bueno estar loco, la gente se desconcierta ante la locura, no la entienden. No la entienden porque viene de dentro, de ese sitio al que nadie quiere mirar. Pero no temas, si consigues sonreír en los momentos adecuados, no te descubrirán.
A bordo del naufragio, de Alberto Olmos.
Autorretrato, de Johannes Gumpp, 1646.

 “El artista no está mirando al espejo, como cabría suponer, sino que por el ángulo de su cara espejada podemos deducir que está mirando hacia su retrato pintado en la tela. El efecto sorpresa viene provocado por la inversión de las funciones: el espejo simula ser la tela mientras la tela hace de espejo”.

Comentario sobre el cuadro de Rafael Argullol en Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza.

Autorretrato, de Johannes Gumpp, 1646.


“El artista no está mirando al espejo, como cabría suponer, sino que por el ángulo de su cara espejada podemos deducir que está mirando hacia su retrato pintado en la tela. El efecto sorpresa viene provocado por la inversión de las funciones: el espejo simula ser la tela mientras la tela hace de espejo”.

Comentario sobre el cuadro de Rafael Argullol en Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza.

El psiquiatra, un hombre gordo y avejentado que hablaba dándose palmaditas en los muslos, me dijo que el estado ansioso es la cúspide de algún tipo de contradicción sobre la que se ha caminado largamente, contradicción que, al igual que un cáncer si no se extirpa a tiempo, arriba a su momento de metástasis y se extiende a todas las facetas de la vida, a todas las pequeñas decisiones, a la percepción y al aire.
La trabajadora, Elvira Navarro